Los otoños, siempre tan extraños, tan fuckinmente absurdos. Clavar ferozmente las lapiceras y surcar las hojas blancas de sangre azul. Rayar y rayar cuadernolas, paredes, manos y en realidad sólo querer rayarse el alma.
(Y este porque simplemente es hermoso)
Susukibird (bajo las rotas mejillas de abril)