Necesito encontrar mis limas. Mis uñas lo exigen a gritos. Se que hay, en algún lado de mi casa, dos de las buenas y por lo menos otras dos más de las de diez pesos, así como un montón de pedazos de limas que he destruido en momentos de ansiedad. Pero no hay caso, por más que tenga, las limas tienen una increíble tendencia a pasarse por momentos a la dimensión desconocida. Eso o tengo un duende que gusta de hacerse las manos.
Y estoy con abundante ganas de ver a los buenos
Susukibird (cacareando desesperado)